¿Por dónde empezar a diseñar una invitación de boda?
Cuando una pareja empieza a pensar en sus invitaciones de boda, es fácil sentirse un poco abrumada.
Pinterest está lleno de ideas. Instagram, de fotografías preciosas. En Canva hay cientos de plantillas. Y cada vez existen más herramientas que permiten crear diseños en cuestión de minutos.
De repente aparecen demasiadas posibilidades: colores, tipografías, papeles, formatos, ilustraciones, sobres, fotografías, estampados…
Y surge una pregunta bastante sencilla:
¿Por dónde empezamos?
Quizá el mejor punto de partida no sea elegir una tipografía ni buscar una plantilla.
Antes de decidir cómo queréis que se vea vuestra invitación, merece la pena pensar en cómo queréis que se sienta.
Porque una invitación de boda no solo contiene información. También es una pequeña introducción a lo que será vuestra celebración.

Antes de diseñar, pensad en vuestra boda
La invitación no tiene por qué ser una reproducción exacta de la decoración de la boda, pero sí puede compartir con ella una determinada sensibilidad.
Preguntaros cómo imagináis ese día.
¿Será una celebración formal o relajada?¿En una finca, en la ciudad, junto al mar o en el campo?¿Habrá una estética clásica o contemporánea?¿Predominarán los elementos naturales?¿Queréis una boda llena de detalles o preferís la sencillez?
No hay respuestas correctas.
Lo importante es que os ayuden a definir una primera dirección.
Una boda elegante y muy formal probablemente os llevará hacia unas decisiones diferentes de las de una celebración íntima y natural.
Y esa primera sensación puede convertirse en el hilo conductor del diseño de vuestra invitación.
¿Qué queréis que transmita vuestra invitación?
Esta es una pregunta que merece más atención de la que solemos darle.
En lugar de empezar buscando una invitación concreta, podéis empezar buscando palabras.
Por ejemplo:
elegante
sencilla
romántica
natural
contemporánea
clásica
delicada
artesanal
sofisticada
alegre
Elegid tres o cuatro palabras que representen lo que queréis transmitir.
No se trata de encasillar vuestra boda en un estilo determinado. Al contrario: estas palabras sirven simplemente como una brújula para tomar decisiones después.
Si elegís "natural, sencilla y cálida", probablemente no necesitaréis los mismos recursos visuales que si elegís "clásica, elegante y sofisticada".

La inspiración está para descubrir, no para copiar
Pinterest e Instagram pueden ser grandes aliados durante esta etapa.
Guardar imágenes os permite descubrir rápidamente qué estilos os atraen y cuáles no.
Pero hay una pequeña trampa: cuando vemos muchas invitaciones bonitas, podemos terminar guardando imágenes que individualmente nos encantan pero que, juntas, no tienen demasiado que ver entre sí.
Una invitación puede gustarnos por su tipografía.
Otra, por el papel.
Otra, por el color.
Otra, por una ilustración.
Y otra, simplemente por la fotografía.
Por eso, después de reunir varias referencias, conviene observarlas en conjunto y preguntarse:
¿Qué tienen en común todas estas imágenes que me gustan?
Quizá descubramos que siempre elegimos tonos naturales, composiciones muy limpias o tipografías clásicas.
Ese patrón nos está diciendo algo sobre nuestro propio estilo.
No hace falta decidirlo todo al mismo tiempo
Uno de los errores más frecuentes al diseñar una invitación de boda es intentar tomar todas las decisiones de una vez.
¿Qué tamaño tendrá?¿Qué papel utilizaremos?¿Qué tipografía?¿Habrá ilustraciones?¿De qué color será?¿Llevará algún acabado especial?
Es mucho más sencillo avanzar por etapas.
Primero podéis definir la sensación general.
Después, seleccionar algunas referencias.
A continuación, decidir qué elementos tienen realmente importancia para vosotros.
Y solo entonces empezar a construir el diseño.
Diseñar también consiste en saber qué dejar fuera.
El papel también forma parte del diseño
Cuando pensamos en diseñar una invitación solemos pensar primero en aquello que aparece en la pantalla: textos, colores, imágenes y tipografías.
Pero una invitación es un objeto físico.
El papel tiene color, textura, grosor y tacto. Y todas esas características pueden modificar la percepción del diseño.
Un mismo concepto puede resultar muy diferente sobre un papel liso que sobre uno texturizado.
Por eso, el papel no debería considerarse únicamente como el soporte sobre el que se imprimirá la invitación.
También puede formar parte de su personalidad.

La tipografía no debería elegirse solamente porque sea bonita
Hay miles de tipografías entre las que elegir y es muy fácil enamorarse de una cuando estamos viendo ejemplos en pantalla.
Pero una tipografía tiene que funcionar dentro del conjunto.
Debe tener relación con el estilo que habéis elegido y, sobre todo, permitir que la información se lea con comodidad.
Una letra muy ornamental puede ser preciosa para vuestros nombres y no funcionar igual de bien para un párrafo más largo.
Una tipografía muy fina puede transmitir delicadeza, pero necesitará determinadas condiciones para conservar esa sensación cuando pase al papel.
Por eso, al elegir tipografías, además de preguntaros si os gustan, podéis preguntaros:
¿Encaja con la sensación que queremos transmitir?
El color también cuenta una historia
El color es otro de los elementos que puede cambiar por completo la personalidad de una invitación.
Los tonos blancos, marfil o crema pueden transmitir sensaciones muy diferentes de los colores intensos.
Los tonos tierra pueden acercarnos a una estética natural.
Los colores oscuros pueden aportar profundidad y elegancia.
Los tonos suaves pueden crear una sensación más delicada.
Pero tampoco hace falta utilizar muchos colores.
A veces una invitación construida alrededor de un único tono y diferentes matices resulta mucho más personal que una composición con muchos colores.
¿Minimalista, clásica, natural o algo completamente vuestro?
Las categorías pueden ayudarnos a orientarnos, pero no tienen que convertirse en reglas.
Quizá os guste una tipografía clásica combinada con una composición contemporánea.
O un papel artesanal con un diseño muy minimalista.
O una invitación sencilla con un pequeño detalle que tenga un significado especial para vosotros.
No todo tiene que pertenecer a un único estilo.
De hecho, algunas de las invitaciones con más personalidad nacen precisamente de combinar elementos que, a primera vista, parecen pertenecer a mundos diferentes.
La pregunta no debería ser solamente:
“¿Qué estilo de invitación quiero?”
También puede ser:
“¿Qué combinación de elementos nos representa?”

Menos referencias pueden ayudaros más
Cuando llega el momento de diseñar, puede ser tentador seguir buscando inspiración indefinidamente.
Pero llega un punto en el que más imágenes no significan más claridad.
Si tenéis cientos de referencias guardadas, intentad reducirlas a unas pocas.
Por ejemplo, elegid entre cinco y diez imágenes que representen realmente lo que os gustaría conseguir.
Después miradlas juntas.
¿Qué colores aparecen?
¿Qué tipo de letra predomina?
¿Son composiciones llenas de elementos o tienen mucho espacio vacío?
¿Se parecen los papeles?
¿Transmiten una sensación parecida?
Ese pequeño ejercicio puede ayudaros a encontrar una dirección mucho más clara.
Una invitación empieza antes del diseño
Diseñar una invitación de boda no consiste simplemente en colocar nombres, fecha y lugar dentro de una composición bonita.
Antes de abrir una herramienta de diseño, existe una etapa menos visible pero muy importante:
decidir qué queremos comunicar.
A partir de ahí, el resto de las decisiones empiezan a tener sentido.
El color puede acompañar esa sensación.
La tipografía puede reforzarla.
El papel puede completarla.
El formato puede darle personalidad.
Y los pequeños detalles pueden convertir una idea general en algo propio.
Entonces, ¿por dónde empezar?
Si estáis empezando a diseñar vuestra invitación de boda, no necesitáis tenerlo todo decidido desde el primer día.
Podéis empezar simplemente con tres preguntas:
1. ¿Cómo queremos que sea nuestra boda?
2. ¿Qué tres o cuatro palabras queremos que describan la sensación que debe transmitir?
3. ¿Qué tienen en común las invitaciones que más nos gustan
Las respuestas pueden convertirse en vuestro primer punto de partida.
Después vendrán las tipografías, los colores, el papel, el formato y todos esos pequeños detalles que hacen que una invitación deje de ser una imagen bonita para convertirse en algo mucho más personal.
Porque quizá diseñar vuestra invitación no consista en encontrar la invitación perfecta.
Quizá consista en descubrir poco a poco qué hace que una invitación sea vuestra.



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